ArchivoSaludArchivo (Salud)
Inicio
¿Quienes somos?
El lado humano
Desde la Fe
Desde la Razón
Mens sana
In corpore sano
Arte
Ante quien ...
Presentaciones
Calcuta 07
Libro de visitas
 




¡Una vuelta más, campeón!

Nos situamos en 1977, época en que los african-runners, empezaban tímidamente a asomarse a la élite del fondo mundial. Las carreras largas estaban aun dominadas por atletas europeos, sobre todo ingleses. Sin olvidar la impronta que Mariano Haro, había dejado ya en la alta competición, por aquel entonces. Samson Kimombwa, que por aquella época defendía el color rojo de la Universidad de Washinton State, se estaba consagrando como la gran revelación de la temporada, con unos cronos impresionantes tanto en cross como en las míticas “dual meets” americanas. Kimombwa, constituía el arquetipo de los atletas africanos de entonces; estilo arrítmico, alternando tiempos de paso muy rápidos con bajones inexplicables. Corredores de un gran talento, pero con un grado de imprevisibilidad, aun mayor. En este contexto, Kimombwa, participó en los Mundiales que se celebraron en junio de aquel año en Helsinki, donde el 30/06/77 corrió los 10.000 metros en un impresionante crono de 27:31.47, rebajando en 3 décimas el record mundial que el “loco” Dave Bedford, (actual director del London Maratón, que siempre corría con calcetines rojos) había batido en los Campeonatos de Londres, en julio de 1973.

Cuentan que instantes después de batir el record los periodistas solicitaron una improvisada rueda de prensa al borde de la pista, donde la primera pregunta que escuchó el keniata, fue lógicamente, cómo se sentía tras haber batido el récord del mundo. Kimombwa, pareciendo no haber comprendido del todo la pregunta se dirigió al intérprete, algo confundido: - ¿Qué quiere decir exactamente con eso del récord del mundo? - Eso quiere decir, que has conseguido el mejor tiempo en 10.000 metros. Explicó el traductor, sonriendo. – Pero, ¿el mejor de este año, en todo el mundo? Añadió el atleta. – No. El mejor de siempre. En toda la historia, ninguna persona ha sido capaz de correr 10.000 metros tan rápido como tú. Eres el mejor atleta de todos los tiempos en los diez kilómetros. – Pero eso, es imposible. No puede ser. Respondió Kimombwa. - ¿Por qué? Dijeron los periodistas al unísono.- Pues porque ni siquiera soy el mejor de mi poblado. Había uno de mi tribu que siempre me ganaba, cuando corríamos juntos…

Efectivamente al año siguiente un tal Henry Rono, keniata, arrasó en el atletismo mundial y batió los récords del mundo de 10.000, 5.000, 3.000 y 3.000 metros obstáculos. ¡Kimombwa, no había mentido!

Pero en pocos años tanto Kimombwa, como Rono, sensacionales fondistas de los setenta, se convertirían en unos tristes juguetes rotos.

Cuando tiempo después cesaron los aplausos y los diarios de los cinco continentes dejaron de escribir sus nombres, se podía ver al keniata con la mirada perdida y el corazón latiendo por la llamada de África, vagando por los pasillos de la Universidad que le vio nacer como atleta o perdido por los bares de la zona. Junto al campeón, siempre con un bote de cerveza en la mano, los muchachos negros hacían break-dance en las aceras o pintaban murales de vivos colores sobre las paredes, que le traían a la mente difusos recuerdos de las flores de la bella Nairobi.

No poder acudir a la Olimpiada de Moscú fue su primera gran decepción. Y aunque después realizó proezas notables, como el récord de 5.000 en 1981; 4º y 5º del mundo en 5.000 y 10.000 en 1982; el alcohol lo estaba destruyendo. Ausencias en los entrenamientos, aumento de peso…y el final de un astro tan brillante como fugaz.

La muerte de un hijo de corta edad empeoró aun más su estado. Hablaba con melancolía del poblado, del cuenco de gachas en la choza familiar; del día en que el anciano de la tribu, siguiendo el ritual de siglos, le ofreció la sangre de un bovino recién sacrificado. De sus largas caminatas por la sabana, libre, corriendo tras los impalas o vigilando al león de melena oscura…

Ahora, aquel muchacho que no supo adaptarse a otras costumbres, quiere ganar la batalla contra el alcoholismo y la dura prueba de la vida, en una estación de lavado de coches en Pórtland, a la que aún acuden algunos deportistas para testimoniarle su admiración y respeto.

¡Sigue, sigue! ¡Un poco más, una vuelta más, campeón!

santis@buscadlabelleza.org

Notas:

El atleta, volvió a correr y se quedó a unas décimas del record mundial de la milla para mayores de 55 años.

Hasta hace poco entrenaba a jóvenes atletas en Alburqueque, Nuevo México y en Yemen.

(Descargar artículo)